¿Cómo ayudar a caminar a un anciano o a un paciente?

Para ayudar a caminar a un anciano o a una persona con afectación neurológica, tenemos que tener en cuenta muchas cosas pero lo principal es que cuando caminamos lo hacemos en base a un objetivo.

La marcha está dotada de intencionalidad.

Si tenemos si tenemos sed, vamos a la cocina a por un vaso de agua; si un niño tiene una pelota que le gusta mucho, nos dirigimos hacia él para que nos la deje… o para disfrutar de un paseo. Por ello, la marcha está dotada de intencionalidad.

Los casos más comunes en los que los familiares de los afectados nos piden ayuda son con los pacientes hemipléjicos, es decir, aquellas personas que han sufrido un ictus y presentan una hemiplejía. Aquí os dejamos unas recomendaciones que os pueden servir no solo para pacientes hemipléjicos, sino para ayudar en diferentes casos muy diversos

Consejos para ayudar a caminar a un paciente:

  1. Establecer un objetivo claro: antes de iniciar una “ruta”, estableceremos el destino (cocina, el banco del fondo del parque, etc).
  2. Mantener durante el trayecto la mirada a lo lejos: es importante no mantener la mirada en los pies, sino mantenerla a lo lejos para identificar posibles obstáculos (una baldosa rota, niños jugando en la acera, una farola en nuestro camino…).
  3. Casos de heminegligencia: importante que el acompañante se sitúe en el lado afectado por la heminegligencia. Desde aquí, le podemos ayudar a identificar posibles obstáculos (una silla en la que pueda engancharse un pie, una farola, etc).
  4. Atención al espacio: ayudar a visualizar el espacio, que preste atención a los elementos de su entorno en distancia y profundidad (por ej el bordillo de la acera) y anchura (con las puertas para evitar que se golpee).
  5. Eliminar distractores: siempre que sea posible, minimizar los temas de conversación para no sobrecargar la atención del usuario.

Muchos pacientes tienen grandes dificultades a la hora de desplazarse porque no son capaces de mantener la atención en la tarea de caminar o porque no son capaces de procesar varias estímulos al mismo tiempo.

¿Qué es la atención?

La atención es el proceso con el que dirigimos nuestros recursos mentales sobre la ejecución de acciones o sobre algunos aspectos del medio que consideramos relevantes.

Es el estado de observación y de alerta que nos permite tomar conciencia de lo que ocurre en nuestro entorno.

Pongamos un ejemplo:

muchos usuarios que tienen una afectación neurológica presenta problemas a la hora de caminar porque esta tarea les supone un reto cognitivo. El hecho de caminar desde la sala a la cocina les resulta muy complejo porque deben mantener la concentración durante la marcha mientras reciben y reaccionan a diferentes estímulos del medio.

  • La atención sostenida o vigilancia, nos permite mantener de manera constante el foco de atención en una tarea o evento durante un periodo de tiempo prolongado.
    • En este caso caminar implicaría que el paciente mantuviese una atención sostenida durante todo el proceso.
  • La atención selectiva es la capacidad que tenemos para dirigir la atención y centrarnos en algo sin permitir que otros estímulos ajenos a la tarea (externos o internos), interrumpan la tarea que estamos realizando.
    • Mientras el usuario camina, deberá ir focalizando su atención en los distintos objetos que se va encontrando en el camino para esquivarlos y no tropezar.
  • La atención alternante la definimos como la capacidad de cambiar el foco de atención de una tarea o norma interna a otra distinta de manera fluida.
    • Para que tarea de desplazarse de la sala a la cocina sea eficaz, el usuario deberá cambiar el foco de atención de la tarea de caminar para analizar un objeto que le puede hacer caer por el camino de forma fluida.

¿Qué es la atención alternante?

La atención alternante es la capacidad cognitiva para variar el foco de nuestra atención entre 2 o más actividades que tienen una carga cognitiva diferente. Para poder realizar las diferentes tareas de manera eficaz, debemos permitir este cambio y para ello se requiere de cierta flexibilidad mental.

Esta flexibilidad mental es fundamental para poder cambiar la tarea que se está realizando y pasar a otra tarea distinta. La eficacia en la ejecución se dará siempre que la carga cognitiva requerida en una tarea no sea una limitación para la realización de las demás y el propio cambio de tareas no altere la concentración.

Siguiendo con el ejemplo anterior, nuestro usuario deberá presentar una buena flexibilidad mental para cambiar de la tarea de caminar a la tarea de analizar el objeto con el que puede tropezar. En caso contrario, no será capaz de continuar.

Existen múltiples situaciones en las que ponemos en funcionamiento este tipo de procesos cognitivos en nuestra vida cotidiana, ya que constantemente estamos realizando varias tareas al mismo tiempo.

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